FORO CÓMICS "Viñetas en la Cortiza" surge como blog para la difusión y recomendación de obras del llamado Noveno Arte, por parte de un grupo de profesores y amigos del IES Loustau Valverde, centro educativo sito en la localidad cacereña de Valencia de Alcántara.

jueves, 31 de enero de 2013

Corto Maltés, "Las Célticas" (Hugo Pratt, 1971)


La primera vez que escuché el nombre “Corto Maltés” fue a través de la voz de Kim Basinger en su diálogo con Michael Keaton en el gótico “Batman” de Tim Burton. En mi inocencia de nueve años pensé que se tratara, efectivamente, de un país que había sido retratado por el personaje Vichy Vale durante su guerra civil. No podía estar más infantilmente equivocado. Se trataba de una referencia de culto, un homenaje, del director de “Eduardo, Manos de Tijera” al marino creado por un perdurable autor como Hugo Pratt.
Años más tarde, ya en el instituto, he podido saber quién era este personaje en una clase de lengua, por la mano de mi profesor Manuel (a quien debo alguna, quizás, vocación docente). Lo conocí junto a Rasputín, un villano que sal de la historia real y se cruza de una manera peculiar en el mundo de los “fumetti” (cómics en italiano).
Pero, mi devoción a este marino, de filosofía etéreamente pragmática, empezó más tarde, en una tarde de verano en que me perdí en una librería de mi ciudad y me compré el que considero el mejor álbum de Pratt: “Las Célticas” (“As Célticas” en portugués).
Esta obra de 1971 recopila cuatro historietas que viajan a través de momentos y figuras importantes del siglo XX.
En “Concierto en do menor para arpa y nitroglicerina”, Corto se cruza con una mujer llamada Banshee en una Irlanda del Sinn Fein marcada por la lucha armada por la independencia.
En el ambiente céltico de la llanura de Salisbury se cuenta “El sueño de una mañana de invierno” que nos lleva a la cuarta, y mi favorita, historieta: “Vinos de Borgoña y rosas de la picardía”. Aquí, el lector se encuentra con una hipotética y humiorística muerte del famoso aviador alemán conocido como “Barón Rojo”, con quien compato fecha de nacimento. Esas curiosidades que son tan interesantes como inútiles.
El álbum culmina con “En el tinglado de la antigua farsa”, donde Corte Maltés vuelve a encontrarse con Cain, un personaje que salió por primera vez en “La balada del mar salado”.
Además de las historias que me son más que pequeños placeres para mí, siempre recordaré la viñeta en la que Corto está tumbado en la playa, contemplando su horizonte, algo que siento también como una viñeta de mi vida.
 
Luis Leal

miércoles, 30 de enero de 2013

Tintín: El cetro de Ottokar


Tintín es el clásico, es la obra maestra del comic. Puede parecer una afirmación exagerada, pero es una realidad reconocida por los amantes de este arte. Es difícil escoger un álbum, pero El cetro de Ottokar (1938) ejemplifica bien lo que las aventuras de Tintín tiene de realidad y de ficción. Realidad al mostrar los problemas que las democracias europeas vivían en el periodo entre las dos guerras mundiales amenazadas por el auge de los totalitarismos. Ficción al crear un país imaginario, mezcla de elementos de países verdaderos y territorio mítico: Sildavia. Con Tintín podemos recorrer toda la historia del siglo XX.

 Como clásico que es Tintín puede leerse una y otra vez y obtener lecturas diferentes. Los niños, los jóvenes, los adultos pueden leer a Tintín y todos de manera diferente disfrutar de sus aventuras. Tintín es un clásico y como tal es intemporal por eso sus aventuras, algunas dibujadas en fechas tan remotas como la que nos ocupa, 1938, siguen fascinando.
 
         José Manuel Corchero Cerrón   

martes, 29 de enero de 2013

Exposición Cómics Clásicos Superhéroes









   El curso pasado realizamos una exposición en la cafetería de nuestro instituto ("Cachicafé") relativa a los cómics clásicos del género superheróico. Así, nuestro amigo Luis Leal rebuscó en su colección y confeccionó esta pequeña exposición de portadas escogidas, acompañadas de comentarios para cada una. Podemos observar primeras planas de publicaciones míticas, como Spiderman, Los 4 Fantásticos, Daredevil, Los Vengadores, Iron Man, X-Men o hasta el mísmisimo Drácula.
 
                         
   
  Tal éxito registró que ha permanecido durante más de un año en las paredes de nuestra cafetería, si bien, en fechas próximas, dará paso a una nueva exposición; en este caso, de portadas de vinilos y Cds. No obstante aún, para todo nostálgico que se precie, quedan unos días para observar esos primeros pasos de los que ya son hitos de la cultura actual.
 

Astérix


       Estos amigos me animaron a la lectura en aquellos años de la infancia en los que el tiempo era infinito. Cada vez que un nuevo cómic de los simpáticos galos caía en mis manos y  al abrir la primera página leía:

"Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡NO! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para les guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaorum, Acuarium, Laudanum y Petibonum..."
sabía que la astucia de Astérix junto con la bondad y nobleza de Obélix me ofrecerían nuevos momentos llenos de acción y diversión.
       No son nuestros amigos un pueblo beligerante, lo único que pretenden es continuar con su vida tranquila y sus costumbres, disfrutando de la naturaleza.
       Este ideal se plantea como imposible de no ser porque en la aldea vive el druida Panorámix, que conoce la fórmula para preparar una poción mágica que dota a nuestros personajes de una fuerza sobrehumana y así consiguen repeler los intentos de las legiones romanas por conquistarlos.
       Las historias que vivirán nuestros amigos les llevarán a diferentes lugares tales como Hispania, Roma, Egipto, Gran Bretaña, Germania..., y a lo largo de todas ellas comprobaremos como la amistad , la solidaridad y el respeto hacia la naturaleza son  principios primordiales en su vivir.
       En 1959 Albert Uderzo, como dibujante, y René Goscinny, como guionista, crean para una revista francesa el primer número: Astérix el Galo. Han pasado más de 50 años y Astérix es hoy la historieta europea más vendida en todo el mundo. Tras fallecer Goscinny en 1977, Uderzo se hace cargo también del guión hasta 2011, año en que decide retirarse.
       Además, sus vivencias y hazañas han conquistado la televisión, el cine e incluso los videojuegos, sin olvidarnos de que cuentan con su propio parque de atracciones desde 1989 a 35 Km. de París.
       Además gracias a que se traduce a más 107 idiomas y dialectos, nos encontramos ante un perfecto remedio contra el aburrimiento.
       Si te animas a leer uno, te prometo que no será el último.
Pepi Corchero Jiménez

domingo, 27 de enero de 2013

“La Bicicleta Roja” – El Cartero de Kim Dong Hwa


Las “dos ruedas” (especialmente las clásicas, esas que la gente olvidó con la modernidad)  y el oriente siempre han sido temas de especial interés para mí. Quien me conoce lo sabe bien. Por eso, hace 4 años, en la librería “Follas Novas” en Santiago de Compostela, después de haber hecho parte del camino en una vieja bicicleta sin cambios (pero con cambios de humor que me exigían un equipaje pesado de herramientas), no fui capaz de dejar este cómic en la estantería de la ciudad del apóstol.
 
¿De qué va este cómic? Para los habitantes de una pequeña aldea aislada en mitad del campo de Corea, el único nexo con el mundo exterior es el cartero que, con su bicicleta escarlata, se dedica a llevar las misivas de un lado a otro. En una era de rapidez digital, de cotidianos frenéticos, “La bicicleta roja” es una conmovedora historia sobre las relaciones humanas en una Corea que permanece anclada en el pasado y en una herida que la divide en dos. 

Su autor, Kim Dong Hwa, me sorprendió con una narración minimalista y de sencilla maestría en el dibujo, con la cual destaca una poesía cromática (¡más allá de la bicicleta roja!) para una reproducción maravillosa de una naturaleza física y humana que rodea al lector y se encuentra inherente a los habitantes de la pequeña villa que él cartero visita con sus sueños epistolares.

Para leer, parar, pedalear y, simplemente, disfrutar. Espero que un día internet tenga la misma humanidad que este dulce cartero…
 
Luis Leal

jueves, 24 de enero de 2013

Los combates cotidianos

¿Dónde se encuentra la realidad, la esencia, de las cosas? ¿Es posible, acaso, lanzarle un lazo y aprehenderla de algún modo? Ciertamente la respuesta es compleja. Dijo alguien una vez que el auténtico poeta es aquel que es capaz de abrir un pequeño agujerito en la opacidad del día a día y trascenderlo: mostrar que esto que hacemos o que nos pasa, a veces, no es solamente un  deambular dando palos de ciego, guiados por una vaga inercia que nos desconcierta.
 
Ayer hubo temporal: el aire azotaba con fiereza los cristales del Taller de Electricidad en el instituto y la lluvia trazaba arabescos en su caída de relámpago contra las piedras del patio. En un impás de silencio, una pausa, un sí es no es: las gotas de agua rodaban lentas, formando cúmulos efímeros para caer entre las rendijas de una alcantarilla; y al golpear en el fondo generaban un eco, un suave compás, una hermosa armonía que ya se perdió para siempre. Entonces me acordé otra vez de Marco, el protagonista de “Los combates cotidianos”.
 
Marco es un joven fotógrafo que ha necesitado dar un paso atrás y observar su vida desde otro prisma: ha abandonado el cobijo paterno y se ha ido a vivir alejado de todo, en una casita en medio del campo; ha dejado su trabajo como corresponsal de guerra, en que con su cámara mostraba el horror y el absurdo en los rostros de los desamparados. Marco es un tipo normal. Podríamos ser cualquiera de nosotros. Es hijo y hermano. Es dueño de un gato indomable. Ha conocido a una chica con la mantiene una relación, aunque huye del compromiso. Es observador. Fuma como un descosido. Padece ataques de pánico. No sabe adónde va. Replantearse las cosas. Volver a empezar. Ese es el punto de partida.
 
Manu Larcenet narra en esta obra en cuatro volúmenes una historia sobre lo cotidiano deteniéndose en las cosas pequeñas, en las miradas, en los caminos y las carreteras, en los recuerdos de la infancia y en las vivencias del presente, en aquel buque que cruza el horizonte al anochecer. Muestra el conflicto del individuo, el generacional y las contradicciones sociales. Su guión es fluido y auténtico; su dibujo, expresivo, plagado de detalle, con gran dominio del color. Esta obra me hizo reflexionar y, he de reconocerlo sin rodeos, me conmovió en lo profundo.
 
Pablo Calvo

 

“Rurouni Kenshin, El Guerrero Samurái”


Uno de mis cómics favorito es “Rurouni Kenshin”, conocido en España como y, en América Latina y Portugal como “Samurai X”.
Se trata de un “manga” (cómic en japonés), del subgénero “gekika” (literalmente, historietas de guerra y de samuráis), creado por Nobuhiro Watsuki y años más tarde llevado a la versión “anime” (dibujos animados) por Kazuhiro Furuhashi.
Este cómic está ambientado en los primeros años de la era “Meiji” del imperio japonés, afectando también al argumento acontecimientos históricos reales sucedidos en el tiempo “Bakumatsu”, un período de conflicto y guerra civil, inherente al final de la Dinastía “Tokugawa”.
Kenshin Himura es el personaje principal que da nombre a la serie. Se puede afirmar que se encuentra basado en algunos personajes históricos como  Kawakami Gensai, o el Ronin más famoso de la historia nipona,  Miyamoto Musashi.





Puedo decir que este personaje me acompañó en el final de mi adolescencia y que todavía sigue en mi biblioteca personal de cómics. Si os gusta acción, historia, filosofía y conceptos anacrónicos como el de honor, os recomiendo esta serie que solo puedo adjetivar como genial. 

Luis Leal

lunes, 21 de enero de 2013

Mafalda

 
          Gracias a mi hermana mayor, tuve la suerte de tener en mis manos un librito lleno de tiras de Mafalda, ella me recomendó que lo leyera y debo admitirlo…fue  adictivo porque no pude parar de leerlo. Me sumergí en su lectura,  en sus dibujos detallados que observaba al detalle llenos de inteligencia, cariño, ternura y sobre todo en un océano de humor y de risas. Pero Mafalda no sólo hace reír, sino que muestra la realidad tal como es de una forma en la que tú la tomas con humor, hace que lo malo se pueda ver con una sonrisa gracias a la ironía, una realidad que fue escrita hace décadas y que prácticamente es la misma de hoy.
 
            Joaquín Lavado más conocido como Quino, es el autor de Mafalda, un argentino que no necesita presentación y que sin lugar a dudas es todo un MAESTRO.

            Es una historia para grandes contada por niños pero que los niños leen y se divierten con ella. Su contenido es crítico, mordaz e irónico. Expone las costumbres y miedos de una época. A pesar de estar ambientada en la casa de una familia de clase media de Buenos Aires toca temas mundiales como el desarme y el viaje a la luna.

            Narra la vida de una pequeña (Mafalda) desde sus seis años, amante de los Beatles y enemiga declarada de la sopa. Vive con sus padres (Raquel, una ama de casa que con el matrimonio mató todas sus aspiraciones feministas y un empleado de una compañía de seguros que vive haciendo cuentas para ajustar el presupuesto familiar, amante de  las plantas) en un pequeño piso de dos habitaciones. Años después  nace su hermanito, Guille que cuando habla lo hace a media lengua.

            Me gusta como Quino, aun siendo la protagonista Mafalda, dependiendo del tema que quiere reflejar pone en primer plano a los amigos de Mafalda... Manolito con lo económico, Susanita con la familia y sus ansias de estatus social... Miguelito con las complicaciones que nos buscamos, Felipe con las cargas que nos aparecen sin ser responsables directos de ello que frustran nuestros deseos reales...Libertad y los problemas del mundo obrero...

¿Qué destaco de esta obra?

            Tras casi 50 años de Mafalda, este personaje sigue tan actual como siempre; Bien es cierto que parte de su temática ha quedado desplazada: La Guerra de Vietnam, Los Beatles,…pero sólo en su vertiente superficial; Las impresiones y las críticas de Quino siguen siendo tan evidentes y devastadoras como siempre. Su repulsa moral a la guerra, a la diferencia social, a la política en general, son temas más actuales que nunca y por ello su obra será inmortal. Sin olvidar sus dibujos maravillosos llenos de detalles.


            Sólo una cosa mas... si no conocéis a Mafalda, no perdéis nada por leer un par de tiras, seguro que no podéis leer sólo una...y si ya la conocéis no os quedará más remedio que darme la razón ;)

Maribel Peña Ledesma

domingo, 20 de enero de 2013

Teniente Blueberry




            El acercamiento a las historias relacionadas con el Lejano Oeste americano, hay que hacerlo desde una perspectiva literaria enfocada únicamente al entretenimiento ( que ya es bastante ). En ningún modo debemos intentar agarrarnos a los referentes históricos de la colonización del Oeste americano pues esta vía nos decepcionaría en gran manera. Para esto ya están los libros de historia que informan convenientemente de los pormenores de esta empresa.
            En mi opinión ese es el mérito de las películas, las novelas populares y sobre todo las historietas o comics que han tratado el género del Western: el establecimiento de un aura mítica que envuelve a todos los protagonistas de estas historias. Esta mitificación ha conectado con un amplio sector de la población no solo en los EEUU, sino prácticamente en todo el mundo y ha permitido la aparición de grandes creadores de historias e historietas no yanquis que se mueven como pez en el agua en este mundo.

            Este es el caso del extraordinario guionista belga Jean Michel Charlier, cuya asociación con el excelente dibujante francés Jean Giraud, conocido posteriormente como Moebius, provocó la aparición del mejor comic de western  a nivel mundial: Blueberry.

             La saga narra la historia del Teniente de Caballería  Mike Donovan alias “Blueberry” hijo de un terrateniente sudista y acusado de asesinar al padre de su prometida. Perseguido como un asesino, se pasa a las líneas nordistas en plena Guerra de Secesión norteamericana donde asciende de corneta del regimiento de caballería a teniente al finalizar la guerra, gracias a su integridad, audacia y sentido de la estrategia.
            Pendenciero, aficionado al juego, al alcohol y  a las mujeres, el teniente vive mil y una aventuras a lo largo de los diferentes números de la saga, encarnando un prototipo de héroe, sin grandes ideales y ni mucho menos ejemplar aunque honesto y amigo de sus amigos.

            Los sólidos guiones y las aventuras perfectamente entrelazadas y conectadas entre sí se complementan con el cuidadoso dibujo de Giraud, meticuloso y rico en mil detalles que obliga a pasear la mirada por la totalidad de la viñeta para descubrir y recrearse en esos detalles.

            Son estas cualidades las que convierten este cómic en una pequeña obra de arte y a su protagonista en un personaje atractivo, real y creíble en una época en la que salvo raras excepciones nadie cree en superhéroes.

Diego Trevejo

sábado, 19 de enero de 2013

Watchmen




Clint Eastwood, cuando estrenó su “Sin Perdón” (Unforgiven, 1992), comentó que, a su parecer, aquella debería ser la última película del oeste. De hecho, con ella su director rompe con los viejos tópicos del género, abordando la narración desde una visión más realista, profunda y humana: el pistolero mata, sí, pero queda la duda, la culpa, los fantasmas… Algo así, creo, debió pensar Alan Moore cuando escribió el guión de, en mi opinión, su obra más redonda, “Watchmen”: este debería ser el último cómic de superhéroes.

Imaginemos lo siguiente: los superhéroes existen de verdad, conviven en la sociedad como un ciudadano más, pero cuando lo estiman oportuno se disfrazan, se ponen unas mallas, una capa, una máscara o antifaz, y salen a la calle a defender aquello que creen justo. No tienen poderes especiales, no pueden volar ni saltar desde un quinto piso y caer elegantemente sobre las calles de la ciudad, en pos del cruel villano. No. De hacer esto sin más ni más se partirían la crisma contra el acerado de Nueva York, Manhattan o Gotham City, como prefiráis, como el común de los mortales. ¿Qué mueve a una persona a dar ese paso? ¿Por qué plantearse esa personal lucha contra el crimen? ¿Un anhelo de justicia y libertad? ¿Deseos de venganza? ¿Egolatría? ¿Necesidad de huir de uno mismo? ¿Trastornos de personalidad? Alan Moore parte de esta perspectiva en “Watchmen” presentándonos un variopinto abanico de personajes de todo tipo y condición: el Comediante, Rorschach, Ozymandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda, el Doctor Manhattan… Cada uno de ellos tiene su pasado, su formación humana, sus pasiones y frustraciones. De todos ellos, el único que posee poderes es el último: debido a un accidente, Jon Osterman queda convertido en un ente sobrehumano, con capacidad para crear y destruir a su antojo, para moverse en el espacio y el tiempo: un dios que va progresivamente deshumanizándose y alejándose de todo lo que hasta entonces le rodea o le preocupa.

Con este planteamiento se va desarrollando esta novela gráfica en doce capítulos, con un guión detallista, denso y profundo, con cuestionamientos morales y filosóficos. El dibujo de la obra corre a cargo de Dave Gibbons, que responde al reto con un estilo preciso y detallista, con dominio del plano y del encuadre.

No ha sido “Watchmen” el último cómic de superhéroes, pero, sin duda, ha marcado un antes y un después en ese género en el que ahonda e investiga y que, a mi parecer, eleva y trasciende.

Pablo Calvo

Firma de ejemplar por Fermín Solís



Entre los diversos eventos que llevamos a cabo el curso pasado en el IES Loustau Valverde, fue especialmente enriquecedora la visita que recibimos del genial autor extremeño Fermín Solìs, con quien estuvimos hablando de sus inicios, su obra, forma de trabajar, estilo, influencias y, en general, del cómic como arte.

Además, nos firmó un ejemplar de su "Buñuel en el laberinto de las tortugas", dibujando en trazos ágiles y  seguros al personaje principal. He aquí un video que muestra ese momento.

video

jueves, 17 de enero de 2013

Buñuel en el laberinto de las tortugas




En 1932, Luis Buñuel y un pequeño equipo de rodaje se trasladaron desde París a Las Hurdes para realizar una película – documental sobre la que era entonces una de las zonas más deprimidas de España. Surgió así “Las Hurdes, tierra sin pan”, obra que causó gran controversia y polémica, tanto por la dureza de las situaciones que muestra, como por la acusación de construir escenas para acentuar lo cruento de esa realidad del momento.


            En 2008, el autor extremeño Fermín Solís publica el cómic “Buñuel en el laberinto de las tortugas”. Para ello desanda los pasos del cineasta aragonés por la tierra hurdana e investiga en la leyenda que pesa sobre su rodaje. De tal labor surge el guión de esta excelente obra, que fue nominada al Premio Nacional de España en el año de su publicación. El cómic nos muestra el período previo al rodaje de la película: Buñuel y Ramón Acín (que será después el productor del documental) charlando, bebiendo y deambulando por las calles de París, decidiendo si hacer o no un mediometraje que muestre la pobreza y desolación de un territorio olvidado de la España profunda. Y luego llegamos a aquellas Hurdes, a sus pequeños casetos alumbrados por candiles solitarios donde conviven personas y bestias. El lenguaje de sus habitantes, lo lóbrego del paisaje, la tierra estéril. Todo ello se entremezcla en la obra al mostrarnos el proceso creativo de Luis Buñuel, el surrealismo, su personalidad provocadora, junto a sus sueños y obsesiones.


            Fermín Solís tiene un estilo propio, distinto. La línea es limpia; los rasgos de sus personajes, acentuados. En este laberinto de tortugas traza imágenes que se me antojan embebidas de expresionismo y surrealismo. Y consigue crear atmósfera, poetizar sin palabras: solo la viñeta libre, detenida, en el profundo blanco y negro.


Pablo Calvo


El Incal





El Incal. ¿El Incal? Sí. Ese fue mi primer pensamiento al oír hablar sobre esta obra mítica de Jodorowsky y Moebius. La única referencia que tenía de este cómic – saga era por sus autores: Jodorowsky, creador polifacético que reúne en su trayectoria labores de narrador, ensayista, cineasta, guionista de cómics, mimo y psicomago; Moebius, alter ego de Jean Giraud en sus obras más personales y experimentales, dibujante de “Blueberry” (con guiones de Charlier) y autor de obras tan sorprendentes como “El garaje hermético”. Esto promete, me dije cuando adquirí la edición integral de “El Incal” publicado en España por Norma editorial.


En sus primeras páginas, el protagonista de esta saga, John Difool, huye de unos perseguidores encapuchados que le acosan hasta el extremo de arrojarlo desde un puente al abismo que conduce al lago de ácido de Ciudad Pozo. Difool, un narizotas aparentemente alelado, miserable detective de clase R, siempre acompañado por Deppo, su fiel gaviota de hormigón, trata de sobrellevar lo mejor posible su existencia en un mundo futuro y caótico, gobernado por el despotismo de una clase, los “aristos”, que subyugan a la población a base de una grosera manipulación de la información, ofreciéndoles espectáculos televisados repletos de una irracional violencia. Pero él vive sin pensar en esto ni en aquello: le preocupa sólo tener sus ratos de esparcimiento y su ración de SPV para evadirse de la realidad. ¿Qué sorpresa no se llevará el bueno de John Difool cuando se vea envuelto en una intrincada maraña de acontecimientos que le llevarán a luchar por la libertad y la armonía en ese lugar, en ese planeta y en la totalidad del universo, a la vez que rebuscar en sí mismo para hallar su esencia auténtica?


¿Qué destaco de esta obra? Un guión elaborado que ronda lo místico desde la perspectiva de una desenfrenada aventura, con un gran sentido del ritmo y buenas dosis de humor; un dibujo elegante, limpio y detallista, diferente a lo que había visto hasta entonces. La lectura de esta obra supuso para mí un descubrimiento importante: la potencialidad del cómic como medio de expresión artística, como vehículo para la reflexión y, como no, para el entretenimiento.


Además, este “El Incal” ha dado pie a diversas sagas muy conocidas y celebradas dentro del cómic europeo, como “La casta de los Metabarones”, una precuela titulada “Antes del Incal: las aventuras de John Difool”, o “Los Tecnopadres”.


¿Qué más decir? Mejor os invito a su lectura.

Pablo Calvo